El cinismo

En la política, en las cámaras legislativas, en los partidos políticos, en los medios de comunicación, en las organizaciones civiles, religiosas. Everywhere.

Y no es que sea algo nuevo porque lo vivimos durante la dictadura priísta, lo que pasa es que ahora se ve generalizado cuando tal vez todos quisimos ligar el brinco a la democracia con el fin del cinismo político. Pero no ha sucedido así ni remotamente. Sí se otorgó el triunfo presidencial a quien obtuvo más votos en el 2000, pero continuó la misma práctica, más notoria y descarada. Tal vez, los mexicanos fuimos los que cambiamos y nos volvimos más demandantes de transparencia y honestidad reales.

Un cínico no reconoce las fronteras del bien y el mal, no le importan los principios ni tiene mística personal de nada. No se detiene para hacer trampa, robar, mentir, simular, vender su alma al diablo si es preciso. Un cínico no siente culpabilidad ni cargos de conciencia cuando comete un error, porque si gana algo a través de ello, incluso se jacta de su supuesta habilidad. No se ruboriza, no se avergüenza, no se arrepiente. Cuando un cínico adquiere poder, lo ejerce con crueldad, injusticia y excesos que lo llevan a la prepotencia. No tiene ética, honor, valor, escrúpulos. Carecen de todo sentido del patriotismo, de servicio, de humanismo, de veracidad, de compromiso y pasión con la tarea asignada. Para el cínico, todas las virtudes humanas se vuelven absurdas. Viven de imágenes falsas, detrás de máscaras y forman cofradías para servirse unos a otros.

Y no importa la educación académica que se tenga, ni las creencias religiosas, ni el ”linaje” familiar, no importa nada. Hay cínicos en todas partes que generalmente fanfarronean de serlo. Y para ejemplos ahí están el monstruo Marcial Maciel o funcionarios como Luis Téllez que a pesar de tener una educación superior privilegiada, no tiene el mínimo pudor en mentir abiertamente. Hay una doble cara, la pública y la privada. Y al cínico sólo le preocupa la pública. Es más sencillo encontrar en familias muy humildes, sin educación ni ventajas sociales, una moralidad personal a prueba de bala o cañonazos monetarios.

Y ahí está el cinismo. Lo seguimos aguantando en todo su esplendor. Hasta los panistas se olvidaron completamente de sus principios partidistas para irse a la cargada por puestos de buena paga y sin trabajo que dar a cambio. Así que se llenó de oportunistas y ”vividores” como lo recalcó el fundador de Bimbo, Lorenzo Servitje, el que convertido también en nuevo ”catastrofista”, ayer pidió ayuda para el ”pobre señor presidente”. Este personaje dijo algo más grave todavía, que  Felipe Calderón ”está a punto de terminar su mandato, pero de hecho, no de derecho”. Su advertencia se suma a la de Carlos Slim, a los que no se quiere oír.

El cinismo que instituyó el PRI y que ahora literalmente está devorando todos los escenarios políticos de México, fue lo que hizo que Luis Téllez mintiera en su propia conferencia de prensa donde trató de rescatar su puesto y su prestigio político. Comenzó bien al aceptar que es real la conversación telefónica infiltrada donde comenta socialmente que Carlos Salinas de Gortari se robó la mitad de la partida secreta del ejecutivo, pero su intento se desmoronó al negar que conociera personalmente a Diana Pando, quien dio a conocer la grabación. Ella y Téllez tuvieron un relación sentimental por casi dos años, a pesar de ser él casado. El todavía secretario de comunicaciones y transportes cumplió al aceptar que había dicho lo que dijo contra su ex-jefe, lo que en el lenguaje político se lee como un pecado capital porque entra a la categoría del cínico al que no se le puede confiar. Incluso hizo su lucha de volver al juego de cínico confiable al humillarse diciendo que no tenía evidencias de tal enriquecimiento y así darle categoría de mitote. Luego trató de descalificar a su amiga íntima para meterla subliminalmente en el nivel de una chantajista. ¡Qué cinismo!

Los títulos  del ITAM y  del MIT de Cambridge no permearon para nada el sentido ético de este individuo. Fue otro más absorbido por los formatos de la política a la mexicana que corrompe hasta los huesos y ha creado generaciones completas de políticos ladinos. Para muestra, las hordas de senadores y diputados federales que no sirven para nada al país, que se entretienen ”debatiendo” sobre iniciativas de leyes que no son básicas para México, propuestas de leyes para un tipo de país que aún no hemos alcanzado, cuando hay un sinnúmero de asuntos fundamentales de qué legislar. Cientos de legisladores que significan un gasto enorme al erario tirado a la basura. No dignifican al poder legislativo ni al país. No legislan, no trabajan, no muestran mística política, cívica, personal. No hay. Debe haber sus honrosas excepciones, como siempre, aunque todavía no lo o la detecto. Hasta ahora veo un enorme grupo de ”vividores” sin conciencia, sin pasión, sin urgencia por provocar un cambio, sin entereza, sin integridad, sin compromiso real. Y eso me duele mucho. Me duele México. Me duele que no se vea la oportunidad de servir. Me duele tanto cinismo.

Una vez, un brillante amigo académico me preguntó si confiaba en equis reportero medianamente conocido a nivel nacional que sabía que era mi amigo y que alguna vez colaboramos en algunos medios de comunicación. Le dije que no confiaba completamente en él, a pesar de que dicho periodista tenía un halo de veracidad para muchos. Se sorprendió de mi respuesta, pero me indaga por qué lo veo así. Porque quizá no sea corrupto, pero es corruptible. En cualquier momento comprometería sus ideas y se traicionaría a sí mismo relativamente fácil ante un buen cañonazo o un buen puesto, le dije. Lo mismo pasa con los cínicos.

Carlos Salinas de Gortari es el arquetipo del político cínico. Otro es Manlio Fabio Beltrones también. Y como ellos hay miles en México en puestos de primera importancia, donde tienen a su cargo el destino de todos. Esos políticos no se sienten cínicos porque acatan y están dispuestos a seguir esas reglas del juego político que están vigentes y se han venido practicando por largo tiempo en el país, ni las cuestionan porque saben que los jugadores obtienen su premio como hacerse inmensamente ricos, tanto que aseguran la riqueza malhabida para toda su familia por varias generaciones futuras. Así que tampoco les importa exhibir su cinismo, si todos los demás cojean del mismo pie.

Acerca de Yolanda

Mujer que sigue aprendiendo a ser feliz en el camino y a disfrutar esta maravillosa vida sin excepciones. Mis placeres son la literatura, los libros en general, la música, el cine y la gente que quiero.
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