Anecdotario

En este espacio se recordarán esas anécdotas detrás de algunas notas y contextos determinados que en su momento no pudieron contarse ni publicarse, pero que seguramente pueden decir mucho más de cómo se hilvana el oficio periodístico. Pasan los años y llega un punto en que tal vez sea justo y/o divertido decirlas de una vez por todas para liberarnos y ya no traerlas encima para siempre. En este oficio tan sujeto a la suerte y a las casualidades, a dosis de pasión o terquedad, al cinismo y al vaivén del poder, no sería remoto pensar que las vivencias sobre cómo se procesó la información sean de mayor calidad y valor que la nota misma.

LAS BUGAMBILIAS DE JUAN BOSCH

Esa mañana a finales de 1980, me habló Renata Domínguez para citarme en su casa. Era la editora de la sección cultural y social llamada ”Suma para la convivencia” del periódico ”El Nacional”, un tabloide vespertino que se publica aún diariamente en Santo Domingo. Yo colaboraba prácticamente a ciegas en la publicación, ya que el jefe de redacción me había recomendado con la responsable del suplemento, quien sin conocerme había aprobado y empezado a publicar  mis textos sin mayor explicación. Mis colaboraciones abarcaban opiniones, temas de educación, cultura, humanismo, todos marcados con el tono idealista e ingenuo de una muchacha de 22 años apasionada por la literatura, el castellano y la vida.

”Te quiero conocer personalmente y platicar de algunos proyectos”, me dijo por el hilo telefónico una voz femenina madura y amable que procedió a darme una dirección y hora específica para acudir a la cita al otro día. En la llamada también me dijo que su nombre era Carmen Quidiello, pero que usaba el seudónimo de Renata Domínguez por razones que me explicaría cuando llegara a su casa.

Llego puntual ese mediodía soleado y cálido a un edificio elegante, gris, en una de las zonas cercanas al Palacio nacional. Me aseguro que sea la dirección correcta, luego que corroboro repetidamente en el papelito en mano. Procedo a entrar al inmueble, pero me atajan un par de guardias o policías de seguridad disimuladamente armados. Les digo que vengo al apartamento tal porque tengo una cita con Carmen Quidiello y ellos, aparentemente informados de mi visita, me escoltan hasta la segunda planta. Subimos por la escalera de granito y en la primera puerta a la derecha con el número que busco, otro policía vigila la entrada como si fuera una especie de estado mayor presidencial dominicano.

Me pongo nerviosa por tanta vigilancia. No sabía qué pensar ni tenía idea de quiénes realmente vivían ahí. El guardia toca la puerta y la abre un señor mayor, alto, muy delgado, con el cabello completamente blanco y lentes. Me invita a pasar a una sala luminosa, de pisos y paredes blancos, mientras me informa que Carmen llegará en un momento. Nos sentamos en unos sillones de tela con florecillas diminutas y él comienza a conversar muy relajado, con pausas infinitas en cada frase y una simpatía natural hasta para los extraños como yo. Era Juan Bosch. El ex-presidente dominicano que duró 7 meses en el cargo, el literato, novelista, cuentista, el político de izquierda, el humanista y fundador del Partido de la Liberación Dominicana, el enemigo de Estados Unidos, el autor de La Mañosa y de El Oro y la Paz, el amigo de los pobres, uno de los escritores que influyó literariamente en la prosa de Gabriel García Márquez, según él mismo reveló, entre otras muchas cosas. En ese momento, yo lo ignoraba. Él no me había dicho su nombre, tal vez porque dió por hecho que yo ya lo sabía.

Por mi acento, se dio cuenta de que yo era mexicana. Le cayó tan en gracia. Tan joven, mexicana, iniciando en el periodismo en ese paraíso caribeño. México le tocó una cuerda sensible. Me contó que él amaba a México, que su gente, que su historia, que sus visitas. Me preguntó si me gustaba la isla. Le dije que sí, que mucho. Indagó en detalles de tiempo y espacio, desmenuzó gustos y contrastó detalles de nuestras dos culturas. ¿Te gustan las bugambilias?, me preguntó de la nada, como ligando a los dos países en cuestión con esas coloridas flores que en su país le llaman Trinitarias. Me sorprendí y le respondí con un sí enfático. Y él me confesó que  le fascinaban. Que no podía evitar amar a esa planta tan pródiga en México como en Quisqueya. Fue como encontrar en las bugambilias un punto común e intenso, a la vez que simplísimo entre una jovencita inexperta y un curtido escritor y político, entre dos países y culturas opuestas por su condición geográfica y dimensional, entre un instante donde se vaciaban finalmente todo un grupo de palabras para encontrar una coincidencia feliz. Ambos sonreímos por haber descubierto un amor mutuo por las bugambilias. Quizá un tema altamente despreciable y nimio entre intelectuales que sólo hablan de cosas muy importantes, pero un detalle que por un segundo nos conectó con la recreación imaginaria de ese mazo maravilloso de flores coloridas que abrillanta cualquier espacio.

Luego siguió la literatura. Hablamos un poco de libros, le confesé que no estaba muy versada en la producción literaria local, pues apenas tenía unos dos años viviendo ahí. Me hizo unas recomendaciones que ya no recuerdo bien a bien. La plática fluía agradable, básicamente por la sencillez de Bosch, a pesar de su grandeza de la que después me enteraría. Me preguntó de mis aspiraciones periodísticas, de las literarias. Intercambiamos algunos nombres de autores y novelas. Me dijo que había visto mis artículos en el suplemento, que le parecían serios para una joven de mi edad.

Llegó Carmen Quidiello. Me ofreció disculpas por la tardanza y se quejó de no sentirse bien de salud. Nos saludamos con un apretón de manos y un abrazo. Dirigió una mirada con un significado inconfundible a su marido. Su primer comentario fue que yo era más joven de lo que se imaginó. Me dijo que ella era la esposa de Juan Bosch y por ese motivo tenía que usar el seudónimo de Renata Domínguez para publicar el suplemento de dos a cuatro páginas una vez por semana. Que su nombre postizo le permitía ser más libre sin levantar suspicacias de ningún tipo. Hablamos de próximos trabajos conjuntos para la sección en ”El Nacional”, me preguntó algunas cosas sobre México y mis estudios. Bosch se disculpó para irse a su oficina, no sin antes comunicarle a Carmen que a mi también me fascinaban las bugambilias como a él. Festivo, se despidió de mi con la promesa de que volveríamos a platicar de todo y de nada como esa vez. La próxima conversación quedaría así, en el aire.

Después de haber hablado de los temas posibles para publicar, de nosotras y de la vida, antes de separarnos Carmen me extendió un ejemplar de su primer poemario recién publicado ”Desde mi orilla (decires poéticos con vocación íntima)”, lleno de versos extraordinarios y dibujos de su hija Bárbara. En un gesto rápido, alargó el libro para escribir una dedicatoria: ”A mi joven amiga Yolanda, sin más pretensiones que pasarle de manos un catálogo de vivencias. Con especial afecto y simpatía, Carmen Q. de Bosch”.

Esa dedicatoria me llenó de consuelo el día en que me enteré de la muerte de Juan Bosch, el 1 de noviembre del 2001. La noticia me llegó en Dallas y tuve que volver a buscar el poemario en mi librero,  releer la letra de Carmen y revivir esa plática informal con el político que marcó una época en la historia dominicana. Tenía 92 años cuando falleció y fue sepultado en su natal La Vega en medio de un tumulto de sus paisanos. Este año, el 30 de junio, el prócer hubiera cumplido 100 años de edad, por lo que en República Dominicana se declaró a 2009 como el año del centenario de Juan Bosch que se extenderá a otros lugares del mundo, como sucedió este domingo pasado en el homenaje dedicado a su memoria en el palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México.

Carmen Quidiello siguió dirigiendo anónimamente el suplemento en el periódico hasta 1989 y su vida continuó al lado de sus hijos y del expresidente hasta su muerte. Actualmente dirige la Fundación Juan Bosch y se dedica más a labores personales por su salud delicada propia de sus 94 años.

La veo en los videos del funeral de Bosch, tremendamente entristecida, cabizbaja por la partida de su compañero. También la recuerdo sonriendo junto a él en esa plática en la sala blanca de Santo Domingo. La mirada entre ambos. Las bugambilias…Y sonrío por haber conocido brevemente a ese hombre sencillo y vivo,  cuyo recuerdo quedó ligado a la experiencia de ver esas extraordinarias flores abrillantando mi vida con el lujo de toda su colorida exuberancia. Tal vez un poco como lo sentía él. Y me encuentro este poema de Carmen a Juan, ”Brindis”:

”Quede para los más

la fácil conscupicencia y el amor

-bendito o no-

Quede para los menos

la difícil cita con el relámpago

Quede para ti y para mi

en un claro choque de miradas

un brindis de silencio.”

 

2 respuestas a Anecdotario

  1. Jesús C dijo:

    Que forma tan viva tienes de narrar.
    Simplemente me encanta. Ojalá y yo, que apenas soy un novato en el periodismo, pueda capturar las esencias de las cosas, los lugares y las personas, como lo haces tú.
    Felicidades.

  2. Anna Georgina St.Clair dijo:

    Qué impresión que tenga yo una amiga que conoció a Juan Bosh en persona. Yo lo conocí en un libro, un compendio de sus cuentos con algunos ensayos sobre literatura y político. Me encantó. Eso fue el año antepasado, y desde entonces traigo en la cabeza varias de sus afirmaciones. Una de ellas es que no se puede hacer literatura y política al mismo tiempo, pues son actividades de tiempo completo. La otra es una descripción del cuento: debe ser una flecha que, enviada, de certeramente en el blanco.
    Qué orgullo que lo conociste y qué persona tan amable fue, gracias por describírmelo y visitarlo por mi: lo reviví con este texto.
    ¡Un gran abrazo, amiga!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s